Por la Prof. Silvana Bortot
En medio de los problemas educativos de siempre, los reclamos salariales, la incertidumbre que genera el cambio de Ley, existe una problemática que de, no tratársela con la seriedad que merece, las consecuencias en el sistema educativo serán aún más graves de lo que ya se vive.
Importantes entidades educativas emiten títulos que capacitan a diversos profesionales a fin de que se inserten en la docencia. Este hecho no es nuevo, lo grave radica en que tales títulos son ahora valorados en la misma jerarquía que el de un profesor universitario, compitiendo de igual a igual, en un ofrecimiento de horas cátedras.
Así, un profesor en Lengua y Literatura puede ser superado en un llamado por un periodista, un profesor en Historia, por un abogado, un profesor en Biología por un médico, y la lista continúa.
La educación se ha transformado en tierra de nadie, y quienes deberían tomar cartas en el asunto, miran al costado o lo que es peor, en sus acciones y decisiones, parecen catalogarlo como un tema menor.
Pareciera que en la Argentina, practicar el juego del revés se ha hecho deporte. Tratemos de invertir los roles por un momento, si un profesor de Historia litigara, probablemente se pondría el grito en el cielo, jamás se permitiría que un profesor de Biología ejerciera la medicina, o que un profesor de Matemática diseñara un plano. La razón es simple: no están preparados disciplinariamente. Entonces, ¿por qué en nuestro espacio sí se pueden efectuar este tipo de alteraciones? ¿Qué es la docencia para nuestros gobiernos?
La respuesta debería ser, un ámbito dedicado a la formación de ciudadanos ejercida por profesionales capacitados, sin embargo los hechos reales nos indican que es salida laboral fácil, obra social inmediata, vacaciones extensas. Cuánta equivocación.
No es mi intención impedir el ingreso a la docencia de nadie, ni mucho menos menospreciar las capacidades y competencias los profesionales anteriormente citados, sí pedir una coherencia en las decisiones ministeriales que se toman. Aquel que siente que ser profesor es su camino o una alternativa más de crecimiento laboral, que se prepare, no sólo desde lo pedagógico sino desde lo disciplinar, como debe ser. Los fracasos escolares también son productos de mala praxis.
Es momento de mirar el problema con más seriedad, no tratarlo como un tema menor, es momento de exigir respeto por nuestra profesión, tan vapuleada, tan disminuída. Porque no queremos que la Argentina sea el eterno cambalache, queremos ese país que tanto nos prometen y que nosotros deseamos transformar en promesa desde nuestra acción cotidiana.
En medio de los problemas educativos de siempre, los reclamos salariales, la incertidumbre que genera el cambio de Ley, existe una problemática que de, no tratársela con la seriedad que merece, las consecuencias en el sistema educativo serán aún más graves de lo que ya se vive.
Importantes entidades educativas emiten títulos que capacitan a diversos profesionales a fin de que se inserten en la docencia. Este hecho no es nuevo, lo grave radica en que tales títulos son ahora valorados en la misma jerarquía que el de un profesor universitario, compitiendo de igual a igual, en un ofrecimiento de horas cátedras.
Así, un profesor en Lengua y Literatura puede ser superado en un llamado por un periodista, un profesor en Historia, por un abogado, un profesor en Biología por un médico, y la lista continúa.
La educación se ha transformado en tierra de nadie, y quienes deberían tomar cartas en el asunto, miran al costado o lo que es peor, en sus acciones y decisiones, parecen catalogarlo como un tema menor.
Pareciera que en la Argentina, practicar el juego del revés se ha hecho deporte. Tratemos de invertir los roles por un momento, si un profesor de Historia litigara, probablemente se pondría el grito en el cielo, jamás se permitiría que un profesor de Biología ejerciera la medicina, o que un profesor de Matemática diseñara un plano. La razón es simple: no están preparados disciplinariamente. Entonces, ¿por qué en nuestro espacio sí se pueden efectuar este tipo de alteraciones? ¿Qué es la docencia para nuestros gobiernos?
La respuesta debería ser, un ámbito dedicado a la formación de ciudadanos ejercida por profesionales capacitados, sin embargo los hechos reales nos indican que es salida laboral fácil, obra social inmediata, vacaciones extensas. Cuánta equivocación.
No es mi intención impedir el ingreso a la docencia de nadie, ni mucho menos menospreciar las capacidades y competencias los profesionales anteriormente citados, sí pedir una coherencia en las decisiones ministeriales que se toman. Aquel que siente que ser profesor es su camino o una alternativa más de crecimiento laboral, que se prepare, no sólo desde lo pedagógico sino desde lo disciplinar, como debe ser. Los fracasos escolares también son productos de mala praxis.
Es momento de mirar el problema con más seriedad, no tratarlo como un tema menor, es momento de exigir respeto por nuestra profesión, tan vapuleada, tan disminuída. Porque no queremos que la Argentina sea el eterno cambalache, queremos ese país que tanto nos prometen y que nosotros deseamos transformar en promesa desde nuestra acción cotidiana.
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